Uruguay, domingo 25 a las 19.30 hora local (20.30 hora chilena) se cerraron las urnas y empezó el conteo de votos. Los resultados dejaron dolientes y volvieron a maltratar una vez más a aquellos que ya fueron violentados en dictadura militar.
Los resultados:
Más allá de los resultados de las presidenciales, en que el candidato favorito (del Frente Amplio) José "Pepe" Mujica tenga que forzosamente enfrentarse en segunda vuelta con Luis Alberto Lacalle (ex presidente uruguayo y que además va por el Partido Nacional), que no haya salido la anulación a la Ley de Caducidad golpea no solo al pueblo uruguayo, sino a todos quienes creen en la memoria y que el terrorismo de Estado no debe quedar impune.
La Ley de Caducidad o Ley de Impunidad (como la llaman sus detractores) es la ley que establece que los delitos cometidos por militares y policías durante el último régimen militar quedaran amnistiadas. Fue propuesta por el primer gobierno de retorno a la democracia de Julio María Sanguinetti, del Partido Colorado, y corredactada por el Partido Nacional (o también llamados "Blancos").
Luego de un arduo trabajo de campaña para plebiscitar la anulación de la ley, el 25 de abril de este año se entregó al Parlamento 340.043 firmas en apoyo, que dio autorización para el ejercicio de un plebiscito en conjunto con las elecciones presidenciales y que consistía en agregar una papeleta rosada por el SÍ a la anulación dentro de la boleta electoral, requiriendo el 50% más 1 de adhesión para declarar nula la Ley de Caducidad. Sin embargo, no solo las cifras fueron negativas puesto que también las perspectivas de construcción de sociedad fueron puestas en jaque, al arrojar un insuficiente 48% de votantes a favor.
En un país como Chile tal situación resultaría similar -por no decir igual- y hasta recurrente, pero aquí es donde cabe hacer más de alguna salvedad. Uruguay tiene una conformación de Estado Nación que pudiera ser mucho más legítimo que el nuestro, sin profundizar lo necesario sobre el tema, igualmente puede ejemplificarse con que en el siglo XX los uruguayos tuvieron dos dictaduras militares, mientras que Chile tuvo dos dictaduras, tres Juntas Militares en el poder (dos de ellas con Golpe de Estado) y un "Ruido de Sables", es decir, nuestro caso está estrechamente ligado a la fuerza militar como garante de la "estabilidad política", aunque tampoco se trata de aminorar las consecuencias del militarismo que sacudió a Uruguay. Además de esto y en la misma línea, según un estudio de The Economist Uruguay es el país más plenamente democrático de América del Sur, que cree en los principios de no intervención, el multilateralismo, el respeto de la soberanía nacional y la confianza en la ley para resolver las controversias. Sumando otros índices también relevantes, es el país (junto con Costa Rica) con la distribución de ingreso más equitativa entre el 10% más rico y el 10% más pobre -en Chile el quintil más rico gana 13,10 veces lo que recibe el quintil más pobre- y es el país más alfabetizado de América Latina (según la ONU), lo que se explica porque Uruguay fue el primero a nivel mundial en establecer por ley un sistema educativo gratuito, obligatorio y laico en 1877.
En este sentido, los Orientales nos llevan la delantera en torno a varios temas. Lo cual no significa que las problemáticas sociales hayan desaparecido, aun cuando muchas veces las cifras al ser comparadas con otros contextos son utilizadas para crear imaginarios de excelentes gestiones de los Gobiernos de turno y que son empíricamente desarticulables. Ahora bien, de momento que se ve en otro escenario social, de mayor participación y asociatividad, que no gana el SÍ para la anulación de una ley que da la amnistía a los violadores de Derechos Humanos: duele. Duele que la impunidad se valide socialmente, intersubjetivamente en una comunidad, porque no solo es una violación de los Derechos Humanos reprimir, torturar, matar, sino que también lo es la omisión de acción frente a situaciones de violencia.
El domingo, el sinsabor de percibir el olvido y sentir que seguirán ganando los mismo, no solo quedó en hombros uruguayos.
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Jorge escribió:
La mañana del día después de la noche de la vergüenza
Lo que siento es una mezcla de vergüenza y asco.
Un sentimiento de desazón y desesperanza.
Una reacción visceral de náusea.
En el día de ayer los uruguayos tuvimos la oportunidad de enmendar el pasado. De re-escribir la historia. De hacer justicia. De borrar de una vez y para siempre la ignominia de una ley perversa.
Y no tuvimos el coraje. Nos faltaron agallas. Nos ganó la indiferencia.
Hoy nos miramos al espejo y lo que vemos es apenas un reflejo perverso de lo que podíamos haber sido.
De lo que no nos animamos a ser.
De la insolvencia moral que nos afecta.
Hubiese querido poder escribir esta mañana que la noche había acabado.
Que habíamos acabado con la impunidad y que nos disponíamos a hacer efectiva la pretensión punitiva del estado.
Que no es sed de venganza, ni la prueba de que tenemos los ojos en la nuca.
Que nace de la convicción de que la impunidad sólo es capaz de generar más terrorismo de estado. Más desaparecedores y más desaparecidos.
Me avergüenza y me duele hasta en el alma que no hayamos sido capaces de mostrar más empatía.
Que la indiferencia nos haya ganado la partida.
- Valor Agregado:
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